Así empezó todo
Era una mañana plomiza de un domingo
de marzo, en el rastro de Madrid. Caminaba aburrida, mirando los
puestecitos que se amontonaban a ambos lados de las calles, cuando
subiendo por una empinada calle me encontré enfrente de una pequeña
y antigua librería. “Tal vez sería buena idea buscar un libro
para la vuelta a casa”, pensé. Después de un rato mirando entre
los libros, encontré un libro sin nombre en el lomo. Lo abrí con
cuidado, y en la contraportada... en letras de imprenta estaba
escrito el nombre: El Necronomicón (Al-Azif) por Abdul Alhazred,
traducción del siglo XVII.
Es resto estaba escrito en latín y no
lo pude traducir en ese momento.
No podía caber en mi de gozo, era el
libro del que tanto había oído hablar en los cuentos de Lovecraft,
era real...
Me acerque al enjuto librero y pregunté
por la procedencia del libro. Me dijo que se había impreso a partir
de unas planchas encontradas en una antigua imprenta, que les pareció
exótico en su momento, pero que no se vendieron mucho y lo retiraron
hace años. No sabía cómo había vuelto a la estantería, pero que
me lo regalaba. Insistí en pagarle el precio que el me dijera. Tras
un rato pensado, le pareció que 6 euros estaría bien. Pagué y salí
contenta de la tienda.
Pasé un año entero estudiándolo...
tras lo cual decidí seguir los pasos del Maestro por todo el mundo,
y comprobar con mis propios ojos los horrores que acechaban.
Mi primera para sería en
Massachussets... ansiaba ver los templos en honor a Yog-Sothoth en
Dunwich.
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