lunes, 1 de abril de 2013

Así empezó todo


Era una mañana plomiza de un domingo de marzo, en el rastro de Madrid. Caminaba aburrida, mirando los puestecitos que se amontonaban a ambos lados de las calles, cuando subiendo por una empinada calle me encontré enfrente de una pequeña y antigua librería. “Tal vez sería buena idea buscar un libro para la vuelta a casa”, pensé. Después de un rato mirando entre los libros, encontré un libro sin nombre en el lomo. Lo abrí con cuidado, y en la contraportada... en letras de imprenta estaba escrito el nombre: El Necronomicón (Al-Azif) por Abdul Alhazred, traducción del siglo XVII.
Es resto estaba escrito en latín y no lo pude traducir en ese momento.
No podía caber en mi de gozo, era el libro del que tanto había oído hablar en los cuentos de Lovecraft, era real...
Me acerque al enjuto librero y pregunté por la procedencia del libro. Me dijo que se había impreso a partir de unas planchas encontradas en una antigua imprenta, que les pareció exótico en su momento, pero que no se vendieron mucho y lo retiraron hace años. No sabía cómo había vuelto a la estantería, pero que me lo regalaba. Insistí en pagarle el precio que el me dijera. Tras un rato pensado, le pareció que 6 euros estaría bien. Pagué y salí contenta de la tienda.
Pasé un año entero estudiándolo... tras lo cual decidí seguir los pasos del Maestro por todo el mundo, y comprobar con mis propios ojos los horrores que acechaban.
Mi primera para sería en Massachussets... ansiaba ver los templos en honor a Yog-Sothoth en Dunwich.


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